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Solo el once por ciento de colonos israelíes que atacan a palestinos es acusado

(08/01/18 - Genocidio Palestino)-.De cada diez colonos israelíes que atacan al pueblo palestino en los territorios ocupados, solo uno es procesado por ese delito y enfrenta una sentencia, ha denunciado este domingo la organización no gubernamental israelí Yesh Din.

En un reporte, Yesh Din ha informado de que, desde principios de 2014 hasta finales de agosto de 2017, estuvo monitoreando unos 225 nuevos archivos de investigación, de los cuales 185 han sido procesados por los tribunales, pero apenas 21 casos han terminado en acusaciones formales, es decir, un 11,4 por ciento.

“Se puede concluir que Israel no cumple con su deber de garantizar la seguridad de la población palestina en los territorios ocupados, como una población protegida”, ha criticado ese órgano pro derechos humanos.

A juicio de Yesh Din, este fallo se debe “particularmente” a la naturaleza y motivación ideológica de dichos delitos. “La mayoría de las ofensas tienen lugar en áreas donde la lucha por la tierra está en curso, y como tal, estas ofensas ayudan a expulsar a los palestinos”, critica.

Se puede concluir que Israel no cumple con su deber de garantizar la seguridad de la población palestina en los territorios ocupados, como una población protegida”, ha criticado la organización no gubernamental israelí Yesh Din.

Por lo tanto, ha remarcado Yesh Din, la pasividad manifestada por el régimen de Tel Aviv a la hora de imputar los atacantes “ha intensificado la desconfianza palestina en las autoridades” y ha dado como resultado que los palestinos se muestren cada vez más reacios a acudir a la policía.

“Otra tendencia sorprendente es el aumento en el número de víctimas de crímenes palestinos que no desean presentar una queja policial”, agrega el informe al detallar que de los 113 incidentes de crímenes ocurridos en 2016 contra los palestinos y sus propiedades en la ocupada Cisjordania, 48 casos (42 por ciento) “no estaban interesados en presentar una queja ante la policía”.

Yesh Din y muchos otros grupos defensores de los derechos humanos, como B'Tselem, han condenado en reiteradas ocasiones el fracaso del régimen israelí en proteger a los palestinos ante la violencia ejercida por los colonos o en investigar los ataques.

Durante todo el mes sigue abierta la inscripción al Plan Fines

(08/01/18 - Almirante Brown)-.Los interesados en anotarse al Plan Fines podrán hacerlo durante enero en la Casa de la Cultura de Almirante Brown. Para poder cursarlo es necesario ser mayor de 18 años y se debe presentar fotocopia de la partida de nacimiento y del DNI, certificado de estudios cursados y CUIL.

Bajo el lema “Quiero estudiar” el Municipio de Almirante Brown, a travé de la Subsecretaría de Educación, continúa la preinscripción al Plan Fines 2018 que permite a las personas mayores de 18 años finalizar sus estudios.

El trámite podrá realizarse durante todo enero. Las instituciones donde cada estudiante realizará la cursada se conocerán en febrero. Para anotarse, deberán acercarse al segundo piso de la Casa de la Cultura, ubicada en Esteban Adrogué 1224, Adrogué. 

La inscripción se realiza de lunes a viernes, entre las 9 y las 13 horas los interesados pueden comunicarse llamando al 5034-6216 o vía correo electrónico a educaciónpopularbrown@gmail.com

El Plan Fines se viene desarrollándose con notable éxito en el distrito desde hace siete años y en el último ciclo lectivo egresaron más de cuatrocientos estudiantes en la edición browniana que se sumaron a los más de diez mil egresados que ya recibieron sus diplomas.

“Dijeron que encontraron plata en mi casa y encontraron 2000 pesos en la campera de mi marido”

(08/01/18 - Jujuy)-.Desde el domicilio de El Cármen donde está recluida en su condición de presa política del régimen provincial de Cambiemos, la legisladora del Parlasur Milagro Sala habló sobre el allanamiento del jueves en su casa y fue lapidaria: “Fue una payasada”

“Dijeron que encontraron plata en mi casa y encontraron 2000 pesos en la campera de mi marido”, expresó Milagro Sala en declaraciones al programa Secreto de Sumario, que se emite por Radio 10, hoy a la mañana. “Fue una payasada lo que hicieron”, agregó en alusión a allanamiento efectuado en su casa.

El jueves pasado, en medio de la feria judicial, la Justicia jujeña desempolvó una vieja denuncia contra Milagro Sala por supuesto “lavado de activos” y ordenó 21 allanamientos simultáneos, uno de ellos en la casa donde la dirigente social cumple prisión domiciliaria y otros en la localidad de El Cármen, donde se realizaron excavaciones para buscar dinero supuestamente enterrado.

“Necesitan seguir con el show” y “mantener el mito de la Milagro ladrona”, había señalado la organización Tupac Amaru, a través de un comunicado. En tanto, la defensa de la líder social confirmó que “no se encontró nada. Una vez más fuimos testigos de una bochornosa farsa judicial.”

La dirigente social señaló en diálogo con el periodista Darío Villarruel que “lo único que hacen es abrir una nueva causa a Milagro Sala y pasarla por todos los medios”.

Con respecto al gobernador jujeño Gerardo Morales dijo: “La gente se queja de él. Todo Jujuy se queja. Está haciendo muchísimos negocios. Es toda una mafia y no lo denuncian por miedo”.

“Pedimos a los gritos que alguien pare. Que dejen de apretar como están apretando -continuó-. Nadie le para la mano al gobierno de Jujuy con todas las represiones”, y puntualizó que el día que allanaron su casa hubo una feroz represión a los cooperativistas de Monterico.

En la semana, Morales presentó como logro de su gestión una obra que había hecho Milagro Sala. El gobernador jujeño realizó un acto para reinagurar un Parque Acuático en Alto Comedero, construido en su momento por la agrupación Tupac Amaru. “Lo que inauguró Gerardo Morales fue una pileta, la más chiquita. No conozco ninguna obra de Gerardo Morales. Las obras las han hecho otros”, afirmó.

Sobre su prisión domiciliaria, manifestó: “Estoy viviendo un hostigamiento judicial. No solo yo, sino también compañeros de la Tupac”.

Austeridad PRO, gastará un millón y medio en cuatro carritos de golf para la QUinta de Olivos

(08/01/18 - Gestión Macri, Mensajes Claros)-.Al igual que en el resto de los temas, mientras le quita los remedios gratis a los jubilados para ahorrar, el presidente Mauricio Macri gastará este año algo mas de un millón y medio de pesos en la adquisición y mantenimiento de cuatro carritos de golf para trasladarse por la Residencia Oficial de Olivos.

De la misma forma que utiliza una retórica falsa con el resto de sus acciones, Macri, que la semana pasada pidió "no endeudarse más para no dejarle deuda a nuestros hijos" y al día siguiente volvió a contraer deuda por quince mil millones, ahora salió a reírse de su planteo de austeridad gastando un dineral en carritos de golf para recorrer la Quinta de Olivos.

No pocos han comenzado a sospechar que el desplazamiento por la Quinta era lo que lo fatigaba y obligaba a vacacionar cada treinta días, pero esa teoría se derrumbó cuando se enteraron que las escapadas del ahora presidente eran más cuando ocupaba el cargo de jefe de gobierno porteño.

Así. pese a pedir a sus funcionarios que controlen los gastos del Estado y a incentivar el ajustar la planta de empleados públicos para achicar el déficit fiscal, el jefe de gobierno suele darse algunos lujos. 

Después de que se conociera el gasto millonario del Congreso de la Nación en pines de oro, litros de alcohol en gel, macetas o un drone de última generación, el presidente Mauricio Macri licitó la compra de cuatro carritos de golf para trasladarse por la quinta de Olivos. El Gobierno recibió una única oferta y supera el medio millón de pesos.

La empresa Melex Argentina S.A. fue la única que se presentó a la licitación y cotizó cada uno de los cuatro carritos de golf en $325 mil, a lo que deberá sumarse el mantenimiento de los vehículos que ya posee la Quinta presidencial de Olivos. Actualmente, la Residencia que alberga a los Macri cuenta con cuatro carritos eléctricos pero, según argumentaron a Perfil desde el Gobierno, tienen más de veinte años de antigüedad, las baterías no funcionan y los frenos fallan. Sin embargo, según el pliego licitatorio, al menos tres de los cuatro vehículos que ya funcionan en Olivos seguirán siendo parte de la flota.

El 29 de diciembre, último día hábil de 2017, se abrieron los sobres con las ofertas para la licitación privada N° 23-0026-LPR17, organizada por la Secretaría General de la Presidencia para la “adquisición de cuatro vehículos eléctricos y contratación de un servicio de mantenimiento integral de tres vehículos ecológicos eléctricos”. Si bien la única oferta recibida está en proceso de evaluación, la operación se terminaría de concretar en el corto plazo.

La licitación plantea la compra de cuatro carritos y el mantenimiento de “tres vehículos del tipos Melex” a los que les deberán revisar las baterías, iluminación, sistema de frenado, sistema eléctrico, y alineación y balanceo.

Los modelos nuevos fueron cotizados en 325 mil pesos cada uno. Dos de ellos sólo serán para transporte de pasajeros (dos adelante y dos atrás), y deben contar con “apoya pies metálico y baranda de protección”. 

Uno deberá tener una “caja de carga abierta de chapa negra, apta para soportar una carga de 400 kg”, mientras que el otro tiene que tener una “caja cerrada térmica para transporte de alimentos”. El servicio de mantenimiento, en tanto, lo cotizaron en $ 280.712, por lo que el total suma $ 1.580.712.

Acciones feministas para visibilizar los abortos propios

(08/01/18 - Géneros)-.Decir "Yo aborté” como bandera de lucha y orgullo tiene historia. Entre las neoyorkinas y las guarras francesas, que dieron el puntapié inicial, llevamos cuatro décadas de salir del clóset. Esta nota de Mabel Bellucci es una incitación para seguir dando la cara, mostrar nuestros propios abortos e insistir en la conquista del derecho al aborto voluntario. 

En una calurosa madrugada de verano, el 28 de junio de 1969, la ciudad de Nueva York despertó revolucionada ante una serie de violentos enfrentamientos entre la policía y grupos de homosexuales, lesbianas, drag queens y transgéneros. Esa rebelión que duró varios días entró en la historia como la revuelta de “Stonewall”, la cual significó uno de eventos más trascendentales en la genealogía de las corrientes de las disidencias sexuales, concretamente, lo que hoy se denomina movimiento LGBT. Tal insurrección abrió paso a nivel internacional a una efervescencia activista por la liberación colectiva de las minorías sexuales así como también originó las multitudinarias marchas como recordatorio de ese hito legendario.

La política de darse a conocer consistió en el recurso más potente con que contó el movimiento a partir de la consigna orgullo. Sin más, se puso en marcha lo que Eve Kosofsky Segdwick denominaría “out of the closet and into the streets”. Seguramente nadie aún había tenido el gusto de conocer a la estrella de la teoría queer. No importó; sin haber sido presentadxs, lo mismo llevaron a cabo lo que esta filósofa aconsejaba en 1990: “salir del armario y tomar las calles”. En el marco imperante de contestación cultural de fines de los años 1960 se crearon las condiciones para la visibilidad de las minorías sexuales, en especial, la de los homosexuales. A la vez, prendió como una llamarada en otros movimientos en plena ebullición impugnativa contra las normas rígidas sociales y culturales de la discriminación y la subalternidad. Entre aquellas algaradas se cruzaron, en el gigante del Norte, la comunidad negra por la conquista de sus derechos civiles de esclavos a ciudadanos, estudiantes, mujeres junto a un poderoso pronunciamiento contra la pena de muerte y la guerra de Vietnam. Esa maraña de luchas contra todo tipo de opresión corrió en paralelo con las corrientes independentistas africanas y del Magreb que tomaron relevancia y culminarían en el proceso de descolonización de los imperios europeos.

Entonces, un fantasma recorrió el mundo a partir de 1960 en adelante: el fantasma de las políticas de visibilidad y transparencia. El darse a conocer a partir de la apropiación del orgullo y la dignidad como un repertorio del reconocimiento y la visibilización. Carlos Fígari plantea en su texto “El movimiento LGBT en América Latina: institucionalizaciones oblicuas”: “El movimiento homosexual, comenzó a plantear como problemas a considerar en la agenda política valores de su vida cotidiana, el hacer público lo privado, el autoafirmarse como sujetos homosexuales en la sociedad. Esto último suponía una reversión identitaria en la categoría de interpelación definida como homosexual, que, de ser el término médico para clasificar una enfermedad pasó a ser una categoría política afirmativa de la diferencia”. Tanto ahondó que fueron las mujeres las que comenzaron sin tapujos a hablar en público sobre sus abortos realizados.

Así, en un otoño soleado de 1967, hizo su debut la colectiva New York Radical Women (NYRW). Según, María Arias en su obra La Liberación de la Mujer, identificaba a este grupo como el más ofensivo dentro del movimiento feminista estadounidense al ser la punta de lanza en la cuestión del aborto legal. Sus integrantes pertenecían a grupos políticos que lucharon por los derechos civiles de la comunidad negra y protestaron en movilizaciones multitudinarias contra la guerra de Vietnam. Lo fundaron Pam Allem, Carol Hanisch, Rose Morgan, Kathie Sarachild, Shulamith Firestone, Ros Baxandall, Patricia Mainardi, Ellen Willis e Irene Peslikis, entre otras más. En un gesto de avanzada reinterpretó trabajos y organizó grupos de concientización femenina. Ellas mismas fueron las que por primera vez en el Imperio testimoniaron sobre sus propios abortos.

Mientras tanto, abroqueladas en un tono de exaltación las feministas francesas influenciadas por el movimiento estudiantil y las insurrecciones de Mayo del 68 también se lanzaron al grito de orgullo como una consigna de disputa por las identificaciones de género, sexualidades y deseos no reproductivos a partir de las campañas “Yo aborte”. Alejandra Ciriza recuerda en su artículo “Simone de Beauvoir. Del cuerpo, la libertad y la sexualidad”, que fue“en 1971 en los días del proceso de Bobigny, cuando el juicio levantado contra cinco mujeres y una menor que habían abortado tras una violación fue elevado a la categoría de juicio político contra la ley de 1920 que penalizaba a las mujeres por abortar. La causa fue tomada y defendida por la abogada argelina Giséle Halimi, feminista que constituyó junto con Simone de Beauvoir la prestigiosa agrupación Elegir la causa de las mujeres”. Sin demasiadas vueltas, con ellas dos se unieron cientos de famosas y destacadas de las artes, el cine, el teatro, la literatura y las ciencias: Jeanne Moreau, Christiane Rochefort, Violette Leduc, Dominique Desanti, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Monique Wittig, Giséle Halimi, Christine Delphy, Françoise Sagan, Stéphane Audran entre otras más, y juntas firmaron el histórico documento conocido como el “Manifiesto de las 343 salopes”. En castellano sería algo parecido a atorrantas o putas. Sin dudas, significó todo un escándalo en la sociedad francesa. El 5 de abril de 1971 salió publicado en el número 334 de la revista Le Nouvel Observateur. Cuenta una leyenda que la idea surgió de Jean Moreau y la pluma de Simone. La verdad, no interesa demasiado quién fue su mentora, lo importante es que esta propuesta atesoró una significativa repercusión a nivel mundial. Las 343 salopes declaraban haber abortado y se exponían a ser sometidas a procesos legales hasta correr el riesgo de terminar en un calabozo. Además, reclamaban que el aborto fuera gratuito y libre, durante las diez primeras semanas de gestación. Al menos en Francia, este accionar ha sido considerado como el paradigma de la desobediencia civil. El planteo consistía en la siguiente exhortación:

“Un millón de mujeres abortan cada año en Francia.
Ellas lo hacen en condiciones peligrosas a causa de la clandestinidad a la cual están condenadas, cuando esta operación practicada bajo el control médico es de las más simples. Se sume en el silencio a este millón de mujeres.
Yo declaro ser una de ellas.
Yo declaro haber abortado.
De la misma manera que nosotras reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre”. [1]

Días después de publicado este documento colectivo, en el semanario satírico Charlie Hebdo apareció una ilustración del famoso dibujante de comics y caricaturas Jean Cabut, conocido popularmente como Cabu, acompañada con la siguiente pregunta ¿Quién dejó preñadas a las 343 guarras del manifiesto sobre el aborto? (Qui a engrossé les 343 salopes du manifeste sur l’avortement?) Cabu sin saberlo acabó dando el sobrenombre de lo que hoy aún se recuerda. Mientras las movilizaciones se expandían a lo largo y ancho del país, seis mujeres fueron juzgadas por el tribunal de Aix. Tres, acusadas de “tentativa de aborto”, “ejercicio ilegal de la medicina” y “práctica habitual del aborto”, y otras tres, por complicidad. Este escollo provocó el surgimiento de grupos mixtos que se reunieron alrededor del Movimiento por la Liberación del Aborto y la Contracepción (MLAC) como una necesidad de cambiar el estado de cosas. Abrieron clínicas abortistas como en Estados Unidos, atendidas precisamente por “no médicos” y, en simultáneo, luchaban por una liberalización total del aborto y la contracepción. La acción de visibilidad de las feministas incentivó la irrupción de un manifiesto de 331 médicos que declaraban haber practicado abortos. Por lo tanto, se proclamaban a favor de interrumpir los embarazos en hospitales públicos. Entretanto, el MLAC opinaba que “sólo con una práctica continua del aborto, la difusión de métodos anticonceptivos eficaces, la realización de partos en el domicilio de la madre que lo desee (rodeada de sus amigos, etcétera), y el conocimiento del cuerpo por parte de la mujer, puede ejercerse una presión eficaz sobre la medicina para que cese de considerar el cuerpo de la mujer como objeto, sobre el cual sólo ella [la medicina oficial] tiene el poder”. En consecuencia, Simone Veil, abogada sobreviviente del Holocausto, al frente del Ministerio de Sanidad durante la presidencia de Valéry Giscard d’Estaing presentó un proyecto de ley al parlamento galo. Esta consagrada figura eligió como estrategia el argumento de la salud pública y no el del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Quienes la escucharon dijeron que con tono firme pero persuasivo pronunció un discurso que ni la Asamblea Nacional ni gran parte de la sociedad estaban dispuestas a oír: “Ninguna mujer recurre al aborto livianamente. Basta con escuchar a la mujeres: siempre es un drama, seguirá siendo siempre un drama”, recalcó la ministra. Y prosiguió: “Por eso, si el proyecto que se les presenta toma en cuenta la situación de hecho existente, si admite la posibilidad de una interrupción de embarazo, es para controlarla, y en la medida de lo posible, disuadir a la mujer”.

A pesar de todo, la Ley Veil fue votada por la Cámara de Diputados, tras tres días de debates intensos, con 284 votos a favor (en su mayoría de izquierda y del centro) y 189 en contra. Se promulgó el 17 de enero de 1975. Era “probatoria” por cinco años y despenalizaba el aborto en caso de “situación de desamparo” de las mujeres, dentro de un plazo de 10 semanas de embarazo (12 semanas de amenorrea) siempre con el consentimiento de un profesional de la salud. Luego de aquella victoria, el MLAC se oscureció durante un período hasta que tomó la decisión de retornar a la política del socorrismo en la clandestinidad frente a las limitaciones que presentaba la ley, al no considerar los casos de mujeres que no cumplían con determinada edad como así también las inmigrantes irregulares. Sumado a ello, se presentaba además la objeción de conciencia por parte del cuerpo médico que se oponía a realizar la práctica en los hospitales. De allí que el feminismo retomó el accionar directo al atender cuestiones que no reparaba la norma. En efecto, una vez visto cómo se desencadenarían las tensiones por lo no contemplado, el activismo logró resolver a su manera las dificultades presentadas. Así, miles de mujeres en revuelta salieron a las calles bajo el emblema feminista de las manos en forma de triángulo que representa la vagina. Por más que haya pasado el tiempo, resulta imposible olvidar el conmovedor salvataje entre congéneres y la capacidad de configurar redes y articulaciones para una conquista tan anhelada.

Como una corriente caudalosa que no admite contención, este acontecimiento analizado acompañó a lo largo de estas casi cuatro últimas décadas a una cantidad numerosa de países en América Latina y el Caribe, con una tradición de lucha frágil y discontinua relacionada a las sexualidades y a los géneros. Por ejemplo, las triunfantes campañas del “Yo aborté” como política de visibilidad y orgullo siguen alimentando anhelos de conquistas y de ahí su constante replicar de maneras disímiles, pese a los obstáculos y prescripciones tanto del orden jurídico como consuetudinario para quitar el aborto voluntario del closet.

En acciones grupales, el aborto salió del clóset
El 12 de junio de 1989 se publicó por primera vez en Argentina una solicitada “Carta al gobernador de la provincia de Buenos Aires” en apoyo a una mujer embarazada que, al ser violada, demandaba a la Justicia su derecho de abortar en un hospital público. Por supuesto, la víctima no fue autorizada. Salió en el diario Sur, el único medio gráfico que abrió el debate en torno al caso de la joven violada y embarazada, con opiniones de médicos, abogados especialistas y también de feministas reconocidas. La promovió la Comisión por el Derecho al Aborto CDA (1988/2000) al frente de la rara avis Dora Codelesky. Este hecho fue fundamental en la medida en que no sólo desataba la discusión dentro de las agrupaciones feministas en torno de estrategias de visibilidad sino que además un tema entendido como privado asumía un carácter público. Asimismo, esta reivindicación colectiva iniciaba la etapa de pronunciamientos transversales al convocar a otras expresiones de la sociedad que estaban fuera del activismo de mujeres. Tiempo después, la revista cultural y política La Maga, nombre familiar a los oídos de los lectores de Rayuela, la consagrada novela de Julio Cortázar, intervino puntualmente en el escenario político. De inmediato se convirtió en un medio gráfico referencial contra el modelo de políticas neoliberales durante la década de los noventa bajo el menemato. En esos momentos, un número significativo de agrupaciones de mujeres y feministas se enfrentaron a la embestida del ejecutivo que intentaba incluir la cláusula antiabortista “la defensa de la vida humana desde el momento de la concepción”. Así, nació “Mujeres Autoconvocadas para Decidir en Libertad” (MADEL).

Siguiendo esta línea, La Maga se pronunció mediante un extenso informe cuando desde el gobierno se insistía en otorgar a la prohibición del aborto rango constitucional[2]. Un desenfado de resistencia significó la nota “El rechazo a la prohibición del aborto en la Constitución”, del 20 de julio de 1994, que se preguntaba sobre lo acontecido en la Asamblea Constituyente para la Reforma de la Constitución Nacional, en 1994. Por último, el efecto político que significaba testimoniar en caso de haber abortado. Ese artículo estuvo diseñado por las periodistas Sandra Chaher e Inés Tenewicki. Actrices, escritoras y políticas condenaban en forma unánime la iniciativa presidencial. Asimismo, coincidían en la necesidad de un amplio debate en la sociedad antes de legislar sobre el tema y en adherir a la propuesta de despenalizar el aborto. Tres preguntas les hicieron a las famosas: ¿Está a favor o en contra de la despenalización del aborto?; ¿Qué opina de la inclusión de prohibir el aborto en la Constitución?; Si hubiera abortado, ¿lo diría públicamente? Cecilia Roth, Moira Casán, Graciela Borges, Leonor Benedetto, Luisina Brando y Chunchuna Villafañe actrices junto con María Elena Walsh y Liliana Heker, escritoras; Martha Mercader y Patricia Bullrich, diputadas una por la UCR y la otra por el PJ. A ello se sumaba Gloria Bonder, titular del Centro de Estudios de la Mujer (CEM). Casi todas ellas contestaron el cuestionario; menos la famosa cantautora y compositora María Elena. En general, hubo consenso en que representaba un tema de la privacidad aunque la mayoría sumaría su confesión organizada por grupos militantes. Acompañaba la nota un extenso diálogo con la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú a cargo de Paula Rodríguez. Pese a definirse creyente consideraba “que uno de los legados de la religión católica es el del libre albedrío y en ello se basaba su oposición a la penalización”. Al poco tiempo, el 10 de octubre de ese año, se realizó una manifestación de feministas y de gente suelta a lo largo de la calle Florida hasta llegar a Diagonal Norte. Se repartieron preservativos a los y las transeúntes y se alzaron carteles escritos a mano con el lema “Yo aborté”. El diario Popular resultó ser el único medio gráfico que levantó esta acción fugaz bajo el encabezamiento “Crece la polémica en torno al aborto” y también los noticieros televisivos nocturnos.

Tres años después, el 10 de diciembre de 1997, otra revista de alcance nacional, Tres Puntos, nº 23, con el título “Por primera vez veinte mujeres se atreven a decir: Yo aborté” elaboraba otro informe ideado por Claudia Acuña. Con una estética hollywoodense, la fotografía estuvo a cargo de Díaz-Gutiérrez y la realización en manos de Verónica Torras. Los datos citados habían sido extraídos de un trabajo realizado por la psicoanalista Martha Rosenberg y por la investigadora en derechos sexuales y reproductivos, Teresa Durand. Para esta segunda oportunidad existía un precedente en nuestra región que fue aprovechado como modelo a replicar: en septiembre de ese año, la prestigiosa revista brasileña Veja dedicó un número para que sesenta personalidades levantaran su voz con el “Yo aborté”, ante la visita en Río de Janeiro del entonces Papa, Juan Pablo II.

En la tapa de TresPuntos lucían diez de las veinte mujeres que se eligieron para testimoniar: Silvina Walger, periodista; Beatriz Sarlo, escritora; Dora Barrancos, legisladora; Graciela Duffau, actriz; Tununa Mercado, escritora; Lía Jelin, directora de teatro; Divina Gloria, cantante; Delia Tedín, decoradora; Ninoska Godoy, empleada; Gabriela Miciulevicius, estudiante. El resto: Cecilia Lipzcyc, socióloga; Alejandra Flechner, actriz; Dora Coledesky, abogada; Inda Ledesma, actriz; María Moreno, periodista; más cuatro pobladoras de la Villa del Bajo Flores: Blanca B. Barro, Cintia García, Claudia del Valle Ruiz y Karina Aquino. Por lo visto, las famosas no fueron las únicas que engrosaron el padrón de las revelaciones atrevidas sino también estaban las anónimas, como diría la escritora Rossana Rossanda en su obra Las otras. Conversaciones sobre las palabras de la política. Al texto central le seguían dos extensos documentos sobre el debate en la sociedad. Uno, escrito por la psicoanalista Eva Giberti “Los hijos que no son bienvenidos” y el otro “El derecho a la vida vs. el derecho a elegir” de la poeta, Laura Klein. A cada costado, aparecían dos largas columnas sobre el debate del aborto en el mundo y su historia. En cuanto a Beatriz Sarlo, Tununa Mercado y María Moreno fueron las estrellas elegidas para explayarse a gusto. Tununa reflexionaba sobre las derrotas de las batallas “cuando se trata de luchas que casi no dejan pensar en las entrelíneas menos evidentes pero por eso no menos significativas que podrían llevar a una dimensión más crítica, tal vez la única manera de salir de la impotencia.” Y prosiguía: “Cuando leo declaraciones u opiniones sobre el tema, tengo la sensación de que en ese espacio, las cosas han sido cambiadas de lugar, que se las ha desplazado en un arreglo diferentes y que yo misma estoy tardando en descubrir sus nuevos perfiles”.[3]

En realidad, la mentora para que nuestra eximia pluma literaria declarase sobre su propio aborto fue Dora Coledesky, quien la convenció de participar en la encuesta de la revista. Años más tarde, Tununa con un bellísimo documento contó cómo fue: “En 1997 no era fácil asumirlo, pero esa idea ya había formado parte de campañas a favor del aborto en otros países con el mismo carácter selectivo. Aceptaban el reto profesionales, intelectuales, mujeres de clase media insospechadas de haber cometido un crimen, que se hermanaban así con mujeres excluidas socialmente, pobres y sufridas, condenadas a abortar sin tregua en condiciones inenarrables y siempre con riesgo de muerte”. Claudia Laudano en su artículo “El aborto en la prensa gráfica argentina” publicado por Argenpress sostenía que: “En la portada aparecían fotos de mujeres ‘dando la cara’, de diferentes ámbitos del quehacer artístico, legislativo e intelectual, junto a estudiantes y empleadas, de distintas edades. En la nota interior, estas y otras mujeres aportaron testimonios, desde vivencias y circunstancias singulares de vida. En las fotos de cuerpo entero se observan expresiones cambiantes en sus rostros y sonrisas capaces de desafiar las nociones clásicas de dolor, angustia y pesadez que envuelve el abordaje de la problemática”.[4] En todos estos casos, se presumía que el enunciado no era una confesión culpable, sino un desafío, en cierto modo valiente, que serviría para fortalecer la lucha por la conquista del aborto libre y gratuito, una consigna radical de aquellos años.

Declaración de guerra: “Yo tuve un aborto”
En este clima de discursos encontrados por las elecciones presidenciales para el mandato 1999-2003, Zulema Yoma, la ex esposa de Menem, manifestaba sorpresivamente “Yo tuve un aborto”. El 16 septiembre de 1999 fue tapa del diario Página 12. Ella le aseguró a la periodista Mariana Carbajal “No voy a ser cínica. Yo tuve un aborto. Me lo hice porque Carlos Menem me apoyó. Él estuvo de acuerdo” y que “toda esta campaña sobre el aborto es una gran hipocresía”. [5] Semejantes revelaciones paralizaron a la dirigencia política, en general, y al peronismo, en particular, que ya estaba a punto de lanzar spots televisivos y afiches callejeros con consignas antiabortistas al pretender instaurar “el día del niño nonato o niño por nacer”, instituido el 25 de marzo, en coincidencia con la fiesta católica de la Anunciación de la Virgen. A la mañana siguiente, fuentes de la Iglesia comentaban al diario Clarín “que no harían manifestaciones públicas y que no estaban dispuestos a participar del debate”. No sucedió lo mismo con los medios gráficos, televisivos y radiales. De inmediato, se generó un estallido de información: en tres programas de televisión se abordaba la temática con la opinión de expertas, feministas y el testimonio de mujeres que abortaron. Mariana Carbajal recuerda: “me llamó una diputada, que todavía sigue teniendo gran influencia en el mapa político nacional y me dijo que Zulema Yoma quería hablar sobre el aborto. Era la campaña electoral de 1999 y la candidata a gobernadora de la coalición Alianza por la provincia de Buenos Aires, Graciela Fernandez Meijide, había quedado envuelta en una gran polémica porque la acusaban de “abortista” y “anticristiana” por haber firmado antes un proyecto de despenalización del aborto. Su contrincante, el vicepresidente Carlos Rucauff, se posicionaba como el defensor de la vida por nacer, “antiabortista”. Ese era el contexto. La llamé a Zulema. Creo que nunca antes había hablado con ella. Y acordamos que iría a su departamento de la avenida Libertador. En la cocina fue el reportaje. Yo era muy joven. Creo que fue de las entrevistas más trascendentes que hice en mi carrera. Le sacó la careta al menemismo, al propio presidente, que se posicionaba contra el aborto y demonizaba a Fernandez Meijide por apoyar la despenalización del aborto. Al día siguiente de su publicación, se convirtió en el hecho político de ese momento. El 17 de septiembre de 1999, se produjo la toma del banco en Ramallo, con rehenes y un final tan trágico, conocido como la “masacre de Ramallo”, que rápidamente cambió el eje de las noticias y el tema quedó silenciado[6].

Otra apuesta de orgullo fue un sondeo que lanzó una revista de corte femenino, Luna, el 1 de octubre de 1999, nº 796. El mismo abarcaba el envío de 400 emails a lo largo y ancho del país entre sus lectoras bajo el título “Aborto: de eso sí se habla”. Contestaron 120 personas, 106 mujeres que oscilaban entre los 15 y los 65 años y 14 varones con los siguientes resultados: un 60% consideraba que el aborto debía ser despenalizado; un 25% opina lo contrario y un 65% manifestó el deseo de que Menem no continuase con su campaña antiabortista. Quienes apostaban a favor de la despenalización, apelaban a los argumentos sobre el derecho a decidir. Otras cuestionaban el concepto de delito y consideraban que “aquellas personas que se lo realicen tengan las garantías necesarias”. Por último, aparecía en Luna una extensa columna “La que decide es la persona” escrita por el pastor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida y Miembro del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Lisandro Orlov. Este religioso consideraba “que la sociedad, las iglesias, las instituciones pueden y están en su derecho de aconsejar, educar, acompañar pero nunca imponer. Es la persona la que, en definitiva, toma una decisión de tal magnitud”.

Entre tanto, aprovechando la coyuntura favorable a la discusión, en el suplemento Radar del diario Página 12 se publicó un artículo con testimonios vivenciales de experiencias abortivas, titulado “Yo aborté” -del 19 de septiembre de 1999- escrito por María Moreno. Ella comenzaba planteando que “la cuestión del aborto se instaló en el centro de la escena política de un modo inesperado, es decir, con el reportaje de Zulema Yoma. Hasta ahora era uno de esos asuntos sobre los que se guardaba un incómodo silencio, el aborto recuerda que ‘lo personal es político’ también en la Argentina. En esta nota, nueve mujeres afirman ‘Yo aborté’. Son pocas, pero no necesitaron esperar a que el tema del aborto se ‘descampañice’ para dejarse oír”. Fueron entrevistadas: Martha Bianchi, actriz; Luisa Valenzuela, escritora; Marcia Schvartz, artista plástica; Graciela Duffau, actriz; Virginia Franganillo, ex presidenta del Consejo Nacional de la Mujer; Laura Bonaparte, psicoanalista; María José Gabín, actriz; Inda Ledesma, actriz. Seguía una generosa columna de opinión a cargo de la escritora Beatriz Sarlo. Está visto que a lo largo de los años no se agregaron más y nuevos nombres al padrón de las revelaciones atrevidas. Ese dato no es para desdeñar.

A la semana siguiente, el 24 de septiembre de 1999, apareció una nueva crónica “Yo la acompañé. Hombres y abortos”, en el suplemento Las 12, producida nuevamente por María Moreno. En ella se rescataban testimonios de varones en su condición de compañías en el momento de resolver de manera conjunta o cuando las mujeres acudían a abortar. La investigación nos aclaraba que “ellos no pusieron el cuerpo pero compartieron la responsabilidad de interrumpir un embarazo en circunstancias clandestinas. Muchos lo enfrentaron luego. Piensan que el tema no les es ajeno y que apoyan su despenalización”. Tenían la palabra: Guillermo Saccomano, escritor; Osvaldo Bayer, historiador; Oscar Steimberg, semiólogo; Arturo Bonín, actor; Pablo Reyero, director de cine; Pompeyo Audivert, actor; Víctor Laplace; actor; Tom Luppo, conductor radial. A estas ocho declaraciones, le seguía una columna “El aborto en campaña” con opiniones de varias feministas consagradas por la conquista del aborto legal.

Un lustro más tarde, el 4 de febrero de 2004, la ciudadanía despertó con una noticia punch: la jurista Carmen Argibay no solo se pronunció como “atea militante” sino que apoyó la despenalización del aborto en estos términos: “la mujer tiene la necesidad y el derecho a decidir sobre su propio cuerpo”. Al Poder Ejecutivo le provocó nuevos dolores de cabeza y al Senado de la Nación también. Con una declaración escueta, pero contundente, la Iglesia reactivó la controversia en torno a la postulación de la jueza a la Corte Suprema de Justicia. Rápidamente, la revista TXT, del 13 de febrero de 2004, n°48, levantó el guante. Su título de tapa: “Cada vez más las mujeres en la política aprueban la despenalización del aborto. Faltan huevos”. “Hacia la despenalización del aborto. Me sobran los motivos”, así se llamaba la investigación a cargo de los periodistas Cristian Alarcón y Fernanda Nicolini. Activistas feministas, del movimiento de mujeres junto con dirigentes políticas fueron consultadas para esta ocasión: Dora Coledesky, activista de la Comisión por el Derecho al Aborto; Diana Maffía, doctora en filosofía; Virginia Franganillo, directora de Nueva Ciudadanía; Juliana Marino, entonces diputada nacional por el PJ; Carmen Storani, ex titular del Dirección de la Mujer en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Perla Prigoshin; directora del Grupo “Unos con Otros”, y María José Lubertino, directora del Instituto Social y Político de la Mujer (ISPM)”. Un año antes de haberse publicado estas ocho entrevistas, Romina Tejerina había sido apresada por matar a su hija recién nacida, producto de una violación sexual y un aborto que no pudo realizar.

Un caso en la más absoluta soledad fue el de Liliana Chiernajowsky, que inscribió su experiencia de haber abortado a propósito de las declaraciones del entonces vicario castrense, Antonio Baseotto en 2005, en una homilía que pronunció durante la peregrinación de militares a Luján. Con el uso de una alegoría bíblica dijo que el por entonces ministro de Salud, Ginés González García, “merecía que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar”, por sus declaraciones en favor del aborto voluntario. Chiernajowsky, ex presa política y feminista, fallecida hace un año atrás, en una noche de furia le respondió. De inmediato, salió publicado en la contratapa del diario Página 12 bajo el título “Yo aborté”. Hacía referencia a la perversa conjunción entre los vuelos de la muerte y el aborto, ambas cuestiones que la atravesaban muy hondo por tener un hermano desaparecido que aún con vida, fue arrojado al mar y también porque ella había decidido interrumpir un embarazo y se declaraba feminista: “El aborto es uno de esos temas que esperan la hora de un debate sincero en la sociedad, despojado de los condicionamientos y la hipocresía con los que habitualmente se lo aborda. Sólo diré que yo aborté. Que defiendo y lo he hecho siempre, el derecho de las personas, sobre todo de las mujeres, a decidir el momento y las circunstancias para dar vida a un hijo. Y que no me arrepiento de haber tomado esa decisión”.

Historias inauditas
A fines de 2004 la Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), una lista feminista de correo electrónico, coordinada desde Rosario, lanzó la Campaña “Yo aborté”, con un número significativo de manifestaciones personales justamente no de mujeres famosas sino de las de a pie, como le gusta decir a la multifacética feminista Gabriela Adelstein, una de las coordinadoras de la red. Así, profesionales, intelectuales, amas de casa y estudiantes, de distintas edades y lugares diversos, desafiaron la mudez de la intimidad y se propusieron testimoniar sobre sus abortos. No todas las que se sumaron a esta gesta de visibilidad abortiva habían atravesado esa experiencia pero sí fueron acompañantes de aquellas que querían interrumpir su embarazo. También hubo casos en los que asistieron solas, algunas que recurrieron a un lugar seguro mientras que muchas otras, si bien no contaban con los recursos imprescindibles para no poner en juego su vida, igual abortaron sin más.

Años más tarde, la revista Baruyeras, una tromba lesbiana feminista -desde mayo de 2008 hasta noviembre de 2010- abrió una columna llamada “Historias inauditas”. En ella, una diversidad de mujeres testimoniaban en torno a sus experiencias abortivas. Inclusive, el colectivo editorial se lanzó por más y comenzó a difundir otros materiales vinculados a la temática.

Otra apuesta de visibilidad y orgullo fue la nota “Poner el cuerpo”, del 15 de marzo de 2013, publicada en el suplemento Las 12. Escrita por María Mansilla, volvió inscribirse en la tradición feminista del “Yo aborté” rubricado por las francesas del pasado y que hoy sigue sumando voces pero esta vez con el uso del misoprostol, la píldora que permite el acceso al aborto seguro y acompañado en un cara a cara por el movimiento socorrista. Sin más, reunió seis revelaciones de diferentes espacios ya sea por edad, clase social y residencia. Mansilla aclaraba que mientras se debatía la despenalización, los programas de atención post-aborto no terminaban de implementarse y el fallo de la Corte sobre aborto no punible cumplía un año de aplicación deficiente. En este escenario, las mujeres de bajos recursos y las activistas feministas improvisaban alianzas múltiples. El uso del misoprostol es uno de los medios para esquivar el lucro de la clandestinidad, decidir con autonomía y, por cierto, autogestionar paliativos ante esta forma de feminicidio o violencia de género que representa el aborto ilegal.

Evidentemente, las campañas del “Yo aborté” iniciadas en 1969 por la colectiva neoyorkina “Las Medias Rojas” tomaron su ruta para luego conquistar una dimensión transnacional a partir de la exposición pública de las francesas con el manifiesto de las 343 salopes. A lo largo de casi cuatro décadas hubo tantísimas manifestaciones de este corte para todos los gustos y colores. Del mismo modo, se replicaron a través de otros soportes audiovisuales como el cine, la fotografía, la pintura y ahora los sitios virtuales online. Todo ello encarna seguir dando la cara, mostrar nuestras cuerpas orgullosas que nos convoca a luchar de todas las formas posibles por la conquista del aborto voluntario y la visibilidad de hacer conocido nuestros propios abortos.

*Mabel Bellucci es activista feminista queer. Integrante del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) en el Instituto de Investigación Gino Germani (IIGG)-UBA y de la Cátedra Libre Virginia Bolten de la UNLPlata. Autora de Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo, publicado por Capital Intelectual, 2014.

[1] Comisión por el Derecho al Aborto ( 1999): ” El segundo sexo cumple 50 años”, Buenos Aires, Nuevos aportes sobre aborto, p.4.

[2] Cabría recordar que en 1990 el poeta, ensayista político, periodista, editor y activista trotskista Carlos Brocato fue el primer varón, en Buenos Aires, que compuso el ensayo “La penúltima batalla de la moral dogmática”, alrededor del aborto voluntario publicado por el grupo Elegir. Este espacio estaba a cargo de la médica feminista Silvia Cóppola, hija de los ilustres fotógrafos Horacio Cóppola y Grete Stern, la pareja que colocó a Buenos Aires en el centro del mapa de las vanguardias.

[3]Mercado, Tununa “La batalla perdida”, Nº 23, Buenos Aries, Tres Puntos, 10 de diciembre de 1997 p.14.

[4] Este medio estaba dirigido por un luchador , periodista e historiador que se abocó por entero a escribir sobre historiografía de mujeres fue el socialista Emilio Corbière. Ser secretario de la referente del feminismo socialista Alicia Moreau lo familiarizó con los grandes debates dentro de sus filas. Más aún: él era uno de los más importantes colaboradores económicos de la paradigmática agrupación La Comisión por el Derecho al Aborto, durante su larga trayectoria activista.

[5] Carbajal, Mariana “Yo tuve un aborto”, Buenos Aires, Página 12,16 septiembre de 1999.

[6] Entrevista realizada por la autora por email el 28/12/2017.
Declaración de guerra: “Yo tuve un aborto”

Mel Zelaya fustigó a la OEA por no reconocer ‘triunfo’ de Nasralla

(08/01/18 - Honduras)-.El ex presidente hondureño Manuel Zelaya criticó a la Organización de Estados Americanos (OEA) por desconocer al opositor Salvador Nasralla como ganador de las presidenciales de noviembre y pidió crear una ‘comisión investigadora’ sobre esos comicios.

A través de Twitter, el depuesto exmandatario Zelaya escribió el sábado que “la verdad no se puede esconder, nombremos una comisión investigadora” sobre las elecciones que resultaron en la reelección del presidente Juan Orlando Hernández, en medio de un supuesto “fraude electoral”, denunciado por la Alianza de Oposición contra la Dictadura, que reclama el triunfo de su candidato, Nasralla.

En otra parte de su tuit, Zelaya fustigó contra el secretario general de la OEA, Luis Almagro, porque “desconoce el triunfo de Alianza de oposición contra la dictadura”. 

El viernes, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Honduras declaró sin lugar la totalidad de las impugnaciones presentadas por la Alianza sobre las elecciones y dio por concluido el proceso comicial del pasado 26 de noviembre que, según este mismo órgano, ganó Hernández con el 42,95 % de los votos, frente al 41,42 % del izquierdista Nasralla. 

La verdad no se puede esconder, nombremos una comisión investigadora” sobre las elecciones, ha indicado el expresidente hondureño Manuel Zelaya. 

Pese a la sentencia del TSE, las protestas contra la reelección del conservador Hernández continúan. El sábado, en una masiva manifestación en la ciudad norteña de San Pedro Sula, Zelaya volvió a decir que no cree en la OEA ni en Estados Unidos, ante la posibilidad de que sus funcionarios sean mediadores en el diálogo nacional, convocado por Hernández para solucionar la crisis política postelectoral que ha dejado unas 30 víctimas mortales.

Almagro pidió el jueves a los países miembros de la OEA que aprueben el informe de la misión de observación electoral en Honduras, que concluyó que no se puede determinar un ganador de los comicios por el “cúmulo de irregularidades”.

Zelaya, en otro tuit, instó a los militares hondureños a que “no defiendan un fraude” y “no cumplan órdenes de matar contra quienes protestan”, y aseguró que al menos 34 personas han muerto durante las movilizaciones, que dejan pérdidas millonarias por los saqueos e incendios a negocios e instituciones públicas.

La policía de Nigeria mató a un simpatizante del líder musulmán

(08/01/18- Nigeria)-.La policía del estado norteño de Kaduna, en Nigeria, ha matado a una persona durante una manifestación pacífica en la que se pedía la puesta en libertad del líder del Movimiento Islámico de Nigeria (IMN, por sus siglas en inglés), el sheij Ibrahim Al-Zakzaky (foto).

Los partidarios de Al-Zakzaky han salido este domingo a las calles en varios pueblos y ciudades del país africano para exigir su liberación después de conocerse el delicado estado de salud que atraviesa el clérigo.

Según han informado fuentes locales, la marcha se ha vuelto violenta cuando agentes de la policía nigeriana, armados hasta los dientes, han abierto fuego contra los manifestantes, matando a una persona e hiriendo a varias más. 

Por otra parte, en una entrevista concedida este domingo a la agencia iraní de noticias Mehr News, la hija del líder musulmán nigeriano ha dicho que su progenitor se encuentra grave y que el Gobierno de Nigeria no presta atención alguna a su estado.

Mi padre está detenido por nuestro Gobierno y no le permiten tener acceso a un médico o acudir a un hospital. Ayer no podía pronunciar ciertas letras, especialmente durante su rezo”, ha afirmado la hija del líder del Movimiento Islámico de Nigeria (IMN, por sus siglas en inglés), el sheij Ibrahim Al-Zakzaky.

El IMN y sus partidarios son víctimas de las represiones del Gobierno de Abuya desde 2015, cuando las fuerzas nigerianas asaltaron la casa del líder musulmán en Zaria.

Durante el asalto, Al-Zakzaky resultó herido y varios de sus seguidores fueron asesinados por disparos realizados por las fuerzas gubernamentales, entre ellos una autoridad destacada del movimiento. Actualmente, Al-Zakzaky se encuentra encarcelado en un lugar desconocido.